Para hacer nuestro terrario necesitaremos una botella de plástico que cortaremos dejando suficiente espacio en la parte superior para que la planta pueda desarrollarse. En la parte inferior echaremos primero unas cuantas piedrecitas de río y un poco de arena sobre las piedras. Todo esto para facilitar el drenaje. A continuación rellenaremos con tierra y plantaremos una planta que tenga espacio suficiente para crecer en el interior de la botella.
Ya sólo nos queda pulverizar la tierra con agua para aportar humedad inicial al terreno y ya podemos cubrir con la parte superior de la botella, dejando incluso el tapón cerrado.
Ahora ya podemos colocar el terrario en un sitio donde reciba suficiente luz solar y observar el ciclo del agua: A medida que se calienta el aire dentro del terrario, el agua de la tierra comienza a evaporarse. Los primeros días veremos cómo toda la botella se va empañando.
Cuando el aire se enfría, vemos que se forman pequeñas gotitas de agua en la parte superior del terrario. Y cuando se acumula suficiente agua, estas gotas caen de nuevo por las paredes hacia la tierra en forma de “lluvia”. En estas condiciones debemos regar muy poco el terrario. Sólo cuando veamos que dejan de formarse gotas de lluvia en la parte superior.
Podemos tocar la tierra después de varios días..¿sigue húmeda? ¿cómo es que no necesitamos regar la planta como el resto de plantas de la casa? ¿vemos esas pequeñas gotas en las paredes? ¿de dónde ha salido ese agua?. La observación del terrario nos dará pie a preguntarnos cómo se forman las nubes, qué sucede cuando llueve, a dónde va el agua de los charcos después de la lluvia…Todo esto comparándolo con lo que observamos en nuestro pequeño terrario.








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